Los imposibles

Desde el día en que nacemos, nos enseñan a entender que hay cosas imposibles. La palabra “no”, es la primera que aprendemos. “No hagas eso, que te harás daño” “No digas eso, que es de mala educación” “No subas aquí, que esto es para sentarse” “No corras, que te caerás” No toques, no grites, no llores, no hables… Hoy en día está muy de moda el educar en positivo, es decir, sin castigos y aplaudiendo más lo que se hace bien. Además, incluye utilizar un lenguaje que, dentro de lo posible, evite ese “no” o cualquier palabra o frase con connotación negativa. Y me parece muy bien. En realidad, ¿a quién le gusta que le griten, castiguen o le digan siempre que no? Pero a la mayoría nos educaron de otra forma. Cuando hacías algo mal, había un castigo acorde a la magnitud de la trastada o error cometido. Cuando hacías algo bien, se te decía que es lo que tocaba y que era tu obligación hacerlo así. Y por eso te parecía imposible recibir un halago solo por el mero hecho de esforzarte en hacer algo, fuera cuál fuera el resultado. Y tenías miedo. Miedo al fracaso, miedo a equivocarte. Miedo a que nadie comprendiera tu error. Creando así, personas abocadas a ocultar sus ideas, sus decisiones y sus acciones. Personas que se sienten culpables y procuran enmendar sus vidas en silencio y soledad. Personas que hicieron de evitar los imposibles, su modus vivendi, acabando siendo grises, planas y sin atreverse a arriesgar nada.

Y los hay felices. De hecho, diría que la mayoría lo son, porqué siquiera se han planteado que pueda haber otra forma de enfocar la vida y vivir en sociedad. Creo que me alegro por ellos, seguro que sus días son plácidos, tranquilos y serenos. Y porqué así, me molestan menos cuando quiero hacer posible algo que se cree imposible.

One Comment

  1. Raquel

    Cierto totalmente! Todo el dia con el NO así que SI sigue así escribiendo tan bien ⭐⭐⭐⭐⭐

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