Fresas y arándanos

E hibiscus…. todo mezclado con el sabor amargo de la tónica. Y no, no es un gintónic, es la tostada de mi desayuno con el elixir de hibiscus recién descubierto.

Me gusta lo dulce, debo admitir que soy (casi) incapaz de resistirme a él. Pero también me gusta lo ácido y lo amargo, y si además los mezclo, la explosión de sentidos es ya exultante.

Y lo mismo que sucede en mi paladar, sucede en mi cerebro. Aunque a veces eso acabe haciendo que pierda la cabeza y el control, si no dejara que pasara, acabaría realmente loca. Como un lobo encerrado que oye a sus compañeros aullar a lo lejos a la Luna, y que sabe que la única forma que tiene de escapar es mordiendo los barrotes hasta que le sangren las encías y, quizás, hasta pierda algún diente durante el proceso.

Pero si no lo hace, si no sale de ahí para hacer lo que su instinto le grita…. morirá.

De ésta forma, cada vez que caigo en la tentación saboreo las fresas y los arándanos en tu boca, disfruto del aroma del hibiscus al tocar tu piel para acabar con un sabor amargo que recorre mi conciencia mientras el ácido del éxtasis final, me hace olvidar.

Y así, cada vez hasta que el lobo se harte de escapar o deje de salir la Luna cada noche.

One Comment

  1. Pedro Lafuente

    Sin palabras.

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